Pero cuándo.

Vos sabés cómo.

Como llenar de calor el ártico polar de mi mirada entre el mar de gente que camina al igual que yo vivía, errante y sin dirección.

Como agitar tus manos e invocar a la lluvia para que lave mis culpas, esas que sobre mis hombros hacen mis pasos más pesados.

Como hacerme creer que todo está bien cuando el mundo gira para abajo, darme una cuerda para salir de la arena que me consume.

Vos sabés cuándo.


Cuando me lo merezco


Vos sabés.



Vos….




Pero cuando?

Creciendo

Leía el diario sin pensarte y de la nada me pregunté de entre tantas cosas vividas y sobrevividas, ¿qué habría sido de mi vida sin ti? Sin que existieras y tuvieras que convertirte en una pieza fundamental de mi vida. Otros días solo te olvido… dejo pasar todo como si esta vida fuera un sueño, como si en algún momento pudiera despertar. Vivo disfrutando un sueño y oscureciendo las pesadillas en las que sin darme cuenta pareces estar inherente.

Así que me senté a escribir y pensé como a veces con menos resentimiento recuerdo tu cara, algunas veces parecías preocuparte por mí, parecías hasta quererme. Me envuelvo y la posible realidad me suelta, quizás hay una diferencia imperceptible entre querer y obligación. ¿Acaso fui una obligación de la que tenías que huir antes de que la presión te hiciera ceder? Yo que sé, aún sigo en pañales en este teatro improvisado que es la vida.

Continué por las frases que buscan salida de mi cabeza, pues siempre intento resolver con demasiado cuidado las cosas que se quedan a medias, y tú te quedaste a medias definitivamente con el proyecto que iniciaste conmigo, yo solamente continuo girando en esta misión impuesta del mismo modo que la tierra sigue girando alrededor del sol, y me siento mil veces sin dirección, sin un mentor que me muestre cual es el siguiente paso.

Mientras las ideas buscan un orden, aun escucho tu voz que desgraciadamente se grabó por siempre en mi memoria, aunque tape mis oídos a veces me despiertas en la noche y creo que estás ahí, y me alegro, pero me duele al mismo tiempo, es una completa dicotomía como esas que amabas de la religión que quisiste que siguiera para “salvarme”, mas al final todo eso fue incapaz de salvarnos de nosotros mismos.

Divago, me confundo, me derrumbo, sigues apareciendo. Miro otras personas vistiendo tu máscara inexpresiva y tengo miedo, me da horror verte cuando menos espero, temo esos fantasmas que dejaste para siempre en mi vida, esos que encerré por años y después decidí soltar pero soy incapaz de controlar si no era con la ayuda de otros demonios peores a tu imagen.

Busco un final a la historia, pero no la hay, siguen saltando como en un proyector todos esos días, la alegría frustrada, el incierto, la desesperación y una despedida que nunca se dio, una huida como si fueras un maleante que se escabullía después de cometer su crimen. Busco soluciones y decidí madurar, comprendiendo tu partida como algo necesario para ser quien soy, quien he sido capaz de construir desde que tuviste un mejor lugar donde ir.

La página me dice que me detenga, que ya hay poco espacio para tanta recriminación, pero mis dedos continúan, quieren ayudar a darme un norte gritando como si fueran niños sugiriendo ideas poco útiles. Una a una las valoro y las pienso, pero en el fondo ya parece ser muy tarde. Ya de nada servirá lo que pueda hacer un hombre como yo por ese joven que se rompió gracias a ti hace mucho tiempo ya.

Hago un recuento, y me creo más fuerte ahora, escribí mi vida del mismo modo que esta carta que nunca llegara a su destino, pensando que decir y tratando de enderezar el torcido camino que tome para exorcizarme de tu persona. Y me sentí fuerte, me sentí valiente…. Hasta que quisiste aparecer de nuevo como si nada pasara para devolverme cientos de pasos atrás, de nuevo con esa mirada inexpresiva.

Concluyo. Soy un humano, y mientras algunos creen en Padre, Hijo y Espíritu Santo yo tengo un credo que reza: Hay heridas que nunca sanan totalmente. Y aunque cubra esa herida para no mirarla sé que seguirá ahí hasta que mi ciclo en el mundo acabe, afectando todas mis decisiones inconscientemente. Aprenderé a vivir cargando este estigma que decidiste dejarme, y del cual solo puedo decidir manejarlo como un vaso roto que no puedo desechar.


A veces me respondo a esa eterna pregunta, para al final siempre volver a preguntarme: ¿qué sería de mi vida sin ti?



Del hombre del espacio nació una semilla inmortal

El eterno misterio encerrado, con tanta elegancia... como intentar descifrar ese amanecer convertido en noche. Como tratar de encerrar la luna y el sol en dos esferas, y tú lo conseguiste en un parpadeo. 

Vistiéndote de mago o de duende, viviendo una continua metamorfosis me enseñaste que podía destruirme para volver a construirme. Que podía ser un edificio y caer para volver a levantarme y ser mil y una formas posibles. 

 Viajaste por el espacio sin despegar del suelo tus pies, tu nave no era mas que una esencia, tu planeta uno como el que siempre soñé. Aprendí de ti a no encasillarme y atreverme a viajar por lugares que no pensé. 

 Tan caballero un día como tan bufón al siguiente, porque la raíz de toda creatividad no es el traje que vestías si no tu eterno espíritu, ese que trasciende el espacio y que como un cometa lejano tan solo logré observar la cola de esa estela brillante que dejabas por tu paso. 

 Me aferro a el camaleón como tu símbolo, a las estrellas como tu hogar, a la música que dejas como la banda sonora de mi vida y por sobre todo al eterno misterio de como creabas, de como vivías y morías hasta que llegaste al punto de engañarme fingiendo que te marchabas.

Esta vez no me creeré tu muerte y se que en otro lugar debes haber nacido, tan llamativo como siempre, tan diferente, tan creativo y unico... tan tú.






Del absurdo de intentar explicar lo inexplicable.

Me robo una frase hoy: “somos pasionales, somos animales…”  quizás le añadiría somos raros. Sí,  queremos ser amados, muchas veces en nuestros términos…. Quizás todos somos como extranjeros hablando español en Alemania o latín en Nepal. Donde no es seguro que nos entiendan y donde no seremos entendidos como quisiéramos.

Me robo otra frase: “…que de vez en cuando sean nuestros aliados, nos apoyen en la causa…” ¿pero como poder auxiliar en causas perdidas? O en causas que no se entienden por el problema del idioma que hablamos estos seres extraños. Me clavaría los pies a un lugar por pertenecer, y aun mis pensamientos florecerían como pinceladas en todos sentidos y direcciones. Pero eso no garantizaría ser comprendido, quizás podría hacer esto, y escribir como si quien lo leyera pueda ponerse en mi lugar y darme esa solución que aun no encuentro.

Tengo una frase propia, somos egoístas, al menos yo lo soy, quiero ser amado como dije en mis términos, quiero que hablen mi idioma, y entiendan que ese hombre que esta a sus pies le ama, que cada sacrificio y cada vez que se arranca el corazón es amor.  Soy egoísta, todos lo somos ante mis ojos, del mismo modo alguien hace lo mismo en algún lugar del mundo, se entrega pero no podré entender su idioma, no lleve el curso, lo intenté y fracasé.

Tengo otra frase, la gente no cambia, no cambia ese hombre que ama, porque dentro de su idioma eso es lo que entiende por amar, como decir árbol y de inmediato imaginar un sauce, y decirte árbol y que imagines una pieza de motor. Tampoco cambia otra persona que sigue repitiendo sus mismos pasos para conseguir lo que sigue siendo un fallo, no cambia el hombre que de nuevo se derrumba… que se derrumba “amando”.

Escribo si, al igual que hablo, y no me logro explicar hablando, pero fantaseo que logro hacer pensar escribiendo. La duda me asalta, a veces hablar no sirve de nada, a veces escribir solo sirve para confundir. Podría decir esto con la cara más fría, o podría escribirlo con absoluta calma, las palabras no son y nunca serán iguales para todos, del mismo modo que las emociones no son más que dudas que a veces somos incapaces de traducir o interpretar como alguien más lo espera….

Somos animales, que aprendieron a hablar, somos pasionales y los años pretenden robarnos esa pasión que sentimos pero a veces no podemos explicar, traducir y compartir.
Acabo este robo, que en silencio es un hurto que hago con mi mascara de papel… y termino con otra frase para acabar de atinar un crimen magistral: “que a veces en la noche, el silencio se mezcle y ya dormir tranquilamente…”


....el silencio.




Quizas solo por hoy...

Porque hoy deseo arrancarme la piel y con ella todo este disfraz, cambiarla por el pasaje de una vía sin fin llena de brisa fresca y una llovizna helada que me haga volverme hielo.

Quiero ser hielo en plena luz del sol para bailar y subir al cielo, para ser más humano cayendo sobre tu rostro en agua, dejando mis lágrimas lavar tus cabellos.

Solo por hoy te robaré el nombre y lo llevare donde no lo puedas encontrar, me iré como llegué, sin que me busques o me encuentres, si no me miras estaré jugando en el arroyo, volviéndome mar y soltando tus manos lentamente.

Navegaré o nadaré hasta encontrar la calma, me ahogaré en su vientre quizás y al final descansare en el bamboleo de mi madre, seré historia, seré un recuerdo, que ya no hace daño…. que ya no hace daño.

Pensamientos: Quise...

Quise decir  tantas cosas, que confundí mi cabeza
Quise decir tantas cosas que perdí mis palabras
Quise contarte tantas historias, pero no supe cuales eran reales
Quise ser un héroe pero mis cadenas me convirtieron en villano
Quise crear tantas cosas, pero ya estaban creadas
Quise escribir para ti, pero ya todo estaba escrito
Quise llenarte de cumplidos pero robe cosas ya dichas

Quise y tan solo acabe queriendo, como pensar escribir y de nuevo acabar redundando….

Juegas.

Camino dos pasos para resbalar, 
me levanto para volver a caer, 
 busco tu mano y no estás. 

Juegas conmigo a salvarme, 
a dar todo por mí, juegas a amarme y te creo, 
 pero en el fondo nunca supe que tu jugabas. 

 Te llamo y no respondes, 
te ocultas para herirme, 
soy ese papalote al que le cortas la cuerda para verlo irse. 

Juegas siempre extrañarme, 
 a dejar todo por mi, 
 juegas a buscarme y vuelvo, 
pero en el fondo me miento sabiendo que juegas.

En un segundo.

Un lunes llega igual que un martes o un viernes, los días no son más que horas. Erróneamente pensamos que la vida son horas o días y meses, pero la vida son segundos. Segundos que saltan a la nada, suicidas formando un destino. No son más que señales, luces en la pista de aterrizaje del porvenir.

 A veces quisiera ser un segundo, acabarme y dormir. Quisiera ser un segundo; un segundo como ese que tus labios besaron los míos, quizás ser ese segundo cuando te volví a encontrar, donde en un mar de rostros apareció el tuyo. Podría eternamente apegarme a un segundo, pero de inmediato uno nuevo llega, trae miles de posibilidades, me siento a pensarlo pero ya lo he perdido, tan rápido como llegó se ha marchado.

Te escribo entonces, te envío una carta, y la duda me aprisiona el pecho y el segundo es eterno, trae otro consigo de la mano, mucho más largo, mucho más cruel… Y no respondes… los segundos como un ejército forman una hora…  me duele,  te extraño, y se de nuevo que no estás. Pienso lo peor, que no volverás, que mis errores te alejaron, que hay miles de personas mejor que yo,  todo eso ocurre en medio de una danza de segundos, que como en espejos de carnaval se burlan, se alargan, se ríen, se encogen, hablan entre ellos lo sé… soy un neurótico.

Respondes, mas no sé cuantos segundos pasaron, parecen días, parecen páginas enteras de un calendario, ¿Corrieron tan deprisa como la lluvia que lava el tejado? ¡No!, soy yo quien piensa eso, soy yo quien mira los años que han pasado. Soy yo quien vive en su neurosis, quien siempre ha creído que te perderé en la lejanía. El mundo afuera me dice: Son dos días, todo sigue igual, la carta de respuesta ha llegado mientras te sumías en un delirio por tu propia voluntad.

Te leo, y no sé cuantos segundos me tomará leer tu respuesta, quizás sean pocos segundos, quizás no traigan mas segundos de la mano, quizás el ejército ha sido abolido. Y corren, corren veloces los pocos segundos que tardo en leer tu carta,  por un segundo soy feliz,  en un segundo recuerdo tus ojos mirando los míos llenándome de memorias de colores, entonces alargo ese segundo con todas mis fuerzas, no avanzo en las palabras para no perder mi felicidad, pero un ojo me traiciona, se adelanta y lee la palabra que sigue, en un maldito complot contra mí mismo mis ojos me traicionan y de la misma forma que mi corazón late a mil por saber de tí, mis ojos a mil también leen todas las palabras. Freno el tiempo compresiono la lectura, pero se tambalea, la velocidad lo hace girar sin dirección y me estrello en un punto final de tu carta.


Una vez más repito el ciclo, quizás  me digan que estoy mal, quizás mi droga es esta y del mismo modo que experimento placer al saber de tí o tenerte cerca,  tendré un  “bajón” al verte marchar o esperar que respondas mi carta. Pero todo esto ocurre en segundos, en un segundo lloro, en otro sonrío, en uno nos besamos, en otro tu cuerpo calienta el mío. Pero todo ocurre a voluntad del padre tiempo, ¡Sí! continuo… en un segundo te amo, en un segundo te miro, en un segundo me despido y del mismo modo, en un segundo he enloquecido.



Alcohol y agua (relato de un viajero en el tiempo)

Fue uno de esos días cuando parece necesario ordenar, en el living se colgaban telarañas y en los cajones se amontonaban crujidos y lamentos de épocas pasadas. Ni hablar de la pieza de la habitación…. Olía a ella por todas partes, quizás la lluvia se coló demasiado por entre las cornisas y la humedad trajo su perfume.

¿Ese perfume sería de ella o era solo su recuerdo? Tal vez era su forma de llamarla pues los años pisotearon fuerte en las tejas de su humilde hogar-prisión (como así lo llamaba él), ahora todo parecía lejano, pero por otro lado parecía más real. Cerraba sus ojos y estaba esa tarde en la calle cuestionándose sobre cual vereda seguir para llegar a visitarle. Los abría de nuevo y estaba frente a las telarañas del living. 

Jugaba pues, a viajar por el tiempo, no tenía nada que envidiarle a H.G Wells, sus viajes eran más reales que los que cualquier narración pudiera explicar… por otro lado eran sus viajes, punto… tan vívido como la voz de su doncella, tan doloroso como las despedidas de su bruja. 

Dos horas más, se trasladaba a la madrugada en su exilio, al otro lado del teléfono brindando con whiskey a su solitaria salud; abría los ojos y los cajones de su hogar lo recibían diciéndole que no se había marchado por tanto tiempo. Transitó de ese modo cada página de sus memorias jamás escritas, caminó de ese modo por las calles de sus alegrías en tecnicolor y los escondrijos a blanco y negro de sus tristezas. 

Nunca tuvo el valor para tomar un papel y plasmar sus poesías, adornarlas y elevarlas a cuentos, o llenar la libreta roja que le heredaron para dar vida a una novela. Estaba muy ocupado siempre decía, no parecía estarlo pero para nosotros fue complicado… El estaba ocupado de verdad, viajaba, se perdía, regresaba. Pero nunca movía un musculo desde su asilo y descanso. No consideró pertinente trazar hojas con sus vivencias, pues aunque nosotros no comprendimos, continuaba reviviéndolas día tras día. 

Una vez cuando se acercó el ocaso a su puerta me dijo con voz baja como despidiéndose de incognito: Mirá Aldo, yo de joven viví entre alcohol felicidades y dolor, el dolor se va y aprecias más las alegrías, en cambio el alcohol se disipa y se vuelve agua. Por eso yo no escribo mis memorias, pues están hechas de ese mismo material… Alguien olvidara mi dolor, y mis alegrías entre alcohol se disiparán cuando las dejen destapadas.



Cuento: La Habitación.

Sí, soy yo en esa habitación cerrada, esa que respira y late con un corazón propio... Y si, ella es la de siempre la que podría darme un levantón y hacerme volar o la misma que podría romperme en mil pedazos… Si, soy yo, ese pelele que le dio tanto poder para demostrarle que era suyo.

La habitación respira, se llena de aire caliente y me aplasta de a pocos, y unas veces más que otras. No hay nadie ya en la sala, la casa es una plaza llena de lluvia, de lluvia que no lava ese olor de las paredes y de las cosas que quedaron tiradas, rastros de la tragedia, del temporal que se convirtió en tormenta y dejo mi corazón regado como los barcos en Nueva Orleans.

Es ella ocupando el lugar que su sombra tenia, el lugar que dejara de nuevo cuando el sol se parta y de paso a la luna… Sigue ahí como esa calcomanía que pegue de pequeño en la madera de mi cama, sigue ahí como un recuerdo lejano, como una condena avisada.

Las palabras que salen de mi son esas que ensaye por semanas, las que sonaron como una obra perfecta que podría hacer todo cambiar, hacer que “mejorara”. Los años sobre mi espalda se tuercen y pesan, pesan torciendo mis palabras y haciéndome mas torpe, ella por otro lado esta ahí de pie escuchando mi discurso, escuchando como escuchaba el director de la escuela en el acto cívico, escuchándome como los regaños de su padre cuando se escapaba a divertirse, escuchándome como al político cuando habla a los jóvenes con frases que ningún joven usaría… Ahí esta ella oyéndome, y su cabeza en mil y un lugares donde preferiría estar.

Y comienza a llover, llueve tanto que compito con el agua sobre el tejado para oírme, como si una locomotora conspirara afuera para callarme antes de que sea muy tarde y ya no haya marcha atrás para el choque con la realidad. Y llueve mas fuerte dentro de la habitación, llueve pero aun ella sigue envuelta en su verano, su cabello lo tiene, su aroma a sol su piel cálida son inmunes a esta tormenta dentro y fuera de la habitación. Pero no me contagia su espíritu, porque la conozco, se que su bienestar es proporcionalmente inverso a mi ánimo apagado.

Si, es ella, es ella en esa habitación, es ella caminando y creciendo cuando los almanaques corren pasando las hojas a toda prisa, es ella cual planta engreída mutando fuerte como árbol hacia el sol… y soy yo en esa habitación, soy yo presa del mismo tiempo, con unos brazos fuertes deteniendo el reloj, deteniendo los segundos, deteniendo el ocaso, deteniendo la arena que me quiere aplastar debilitando mis brazos… el tiempo no perdona. Y mis palabras resuenan en esas paredes, resuenan como si fueran importantes, como si cada frase fuera necesaria para devolverme  la vida. Pero la lluvia sigue, la lluvia sigue sin tocarla.

La puerta atascada me dice que no escapare, que ella no necesita llave para salir, que ella  no pertenece a ese lugar, me apuñala la verdad y miro el futuro donde una versión avejentada de mi sentencia lo que ya se: hay cosas que no puedes lograr aunque creas que ya las alcanzaste. La miro ahí, estática como siempre, con ese rostro tan frío cuando me vuelvo diminuto, la miro pero su nombre cambia y no lo puedo pronunciar porque duele más que la visión del anciano que seré.


Soy yo en esa habitación, la tormenta se detiene afuera, adentro nunca alcanzo a tocarla, adentro solo quedan los restos de un naufragio que nunca mirara porque sabe que nada de lo que quedó le pertenece, no le pertenecí. Tan solo fui una estación en el viaje que apenas iniciaba… Fui una estación como tantas en el camino a un destino final…. Para mí? Quedara siempre el recuerdo de una habitación.