Frases: Aldous Huxley

Aldous Leonard Huxley (26 de julio de 1894, en Godalming, Surrey, Inglaterra – 22 de noviembre de 1963, en Los Ángeles, California, Estados Unidos) fue un escritor anarquista inglés que emigró a los Estados Unidos. Miembro de la reconocida familia de intelectuales Huxley. Conocido por sus novelas y su gran abanico de ensayos, publicó, también, relatos cortos, poesía, libros de viaje e historias para películas y guiones. Mediante sus novelas y ensayos, Huxley ejerció como crítico de los roles sociales, las normas y los ideales. Se interesó, asimismo, por los temas espirituales, como la parapsicología y la filosofía mística, acerca de las cuales escribió varios libros. Al final de su vida Huxley era considerado como un líder del pensamiento moderno.

Algunas de sus Frases:

No es menos importante enseñarles a los niños a examinar todas las personificaciones, todas las metáforas, todas las abstracciones que encontrasen en los artículos que leyesen o en los discursos que escuchasen. Deben aprender a traducir todas esas palabras desprovistas de contenido en términos que se refieran a la realidad concreta contemporánea.

La mayoría de los hombres y mujeres llevan vidas tan penosas en el peor de los casos y tan monótonas, pobres y limitadas en el mejor, que el afán de escapar, el ansia de trascender de sí mismo aunque solo sea por breves momentos es y ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma.

Resolver enigmas es ocupación que nos tienta a muchos. Toda poesía consiste, en mayor o menor grado, en enigmas, la repuesta a los cuales es, como en el caso de Dante, científica o metafísica. Uno de los atractivos que se desprende de la poesía es, precisamente, como el placer que se experimenta en resolver crucigramas. Este placer, para ciertas personas posee una intensidad peculiar. Para el crucigramista, el valor de la poesía se halla en relación directa a su oscuridad.

La pasión por las máquinas, tan característica del arte moderno, constituye una especie de retroceso a lo que acostumbro a llamar la segunda niñez. A los doce años nos volvíamos locos con las locomotoras, los barcos de vapor y las herramientas mecánicas; pero a medida que fuimos creciendo la mayoría de nosotros se percató de que el alma humana era algo realmente mucho más extraordinario e interesante que la más perfecta de las máquinas. El artista moderno parece haber vuelto para atrás, ha retrocedido a las preocupaciones de su niñez.

Buda señaló que el ritualismo es uno de los diez grillos que mantienen a los hombres encadenados a sus ilusiones y que les impiden alcanzar el esclarecimiento. Sin embargo, tomando en consideración el hecho de que la mayor parte de las personas no han de querer lograr el esclarecimiento, o dicho de otro modo, no han de querer desarrollar su personalidad hasta alcanzar los límites de la capacidad humana, puede alegarse algo a favor del ritualismo. El apego a las ceremonias tradicionales y la fe en la eficacia mágica de los ritos puede resultar un impedimento para que los hombres alcancen el esclarecimiento; pero, por otra parte, puede también que ayude a aquellos que no tienen ni deseos ni condiciones para alcanzarlo a conducirse mejor de lo que de otra manera se conducirían.

La finalidad de Hitler era en primer lugar mover a las masas y, luego, una vez apartadas las masas de sus fidelidades y su moral tradicionales, imponerles (con el hipnotizado consentimiento de la mayoría) un nuevo orden autoritario de propia creación personal.

Una de las razones que tenemos para aceptar el universo tal y como es radica precisamente en el hecho de que nos plantea un enigma que no tiene solución.

La historia parece demostrar con toda claridad que cuando las revoluciones van acompañadas por más que pequeñas violencias, no se logran los resultados deseables que anticipaban los que las realizaron, sino más bien, algunos o todos los resultados realmente indeseables que fluyen del empleo de la violencia.

Muchos historiadores, sociólogos y psicólogos han escrito largo y tendido y con honda preocupación acerca del precio que el hombre occidental ha tenido que pagar y tendrá que seguir pagando por el progreso tecnológico. Señalan, por ejemplo, que la democracia difícilmente puede florecer en sociedades donde el poder político y económico se concentra y centraliza progresivamente. Y he aquí que el progreso de la tecnología ha llevado y sigue llevando todavía a esa concentración y centralización del poder.

La perfección de las máquinas - dicen los profetas - nos traerá un incremento en la liberación del trabajo, con lo que se obtendrá un mayor desarrollo de la felicidad. Pero el descanso también está sujeto a la ley de disminución en la utilidad. Más allá de cierto límite, un aminoramiento del trabajo trae consigo una disminución de la felicidad.

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