Cuentos: Fábula de un Amor Platónico

Ese día se cerró con un aguacero que cubrió las calles con un manto finísimo, una alfombra de agua lavando las lágrimas que tantos amanecéres cayeron desde su balcón, como si fuera ese ocaso cómplice de sus días en vela esperando por una persona inexistente, por aquella persona que veía siempre en sueños pero al despertar se marchaba como la luna al despuntar el sol.

El telón de la noche así fue brevemente introducido por ese aguacero purificador, con la conclusión del llanto celestial se presentaron los actores de la obra nocturna. Miles de puntos en la distancia, blancas luces casi puestas en orden por una mano gigante. La danza de estrellas en el cielo en complicidad con las luces de la calle, que de lejos les miraba similares al papel cuando se quema y se apaga.

La noche le trajo consigo del cielo, bajó con una carroza de alados y blancos corcéles, la danza de estrellas se detuvo para abrirle espacio a quien bajaba desde su recinto de nubes al balcón de ella sencilla mortal que tantas veces le soñó sin conocerle. La arena de los sueños sobre los ojos de los demás habitantes de su hogar impidieron que se percataran de su ausencia y así ella partió al viaje de su vida junto a ese ser de sonrisa contagiosa que le extendía su mano y le invitaba a viajar en su carruaje.

Se sostuvo de su mano como niño que en sueños tiene el juguete que más desea en sus manos y quiere que al despertar le acompañe. Habiéndose lavado tantos llantos con el fuerte aguacero no sentía mas la soledad en ella, y su personaje de fantasía cerraba ese perfecto día apareciendo entre luces y nubes.
Le llevo al cielo a ver su mundo, a conocer la grandeza del reino en que vivía, le narro como hacia mucho sabia que le buscaba, de cómo se presentaba en sueños por no poder dejar su casa celestial.

Ese día se cerró con un aguacero que permitió su escape, que le permitió bajar a esa tierra artificial para verle una noche aunque fuera solamente una. La danza de estrellas no era mas que las puertas de su hogar abriéndose, dándole la bienvenida a quien ahora seria su princesa. Solo quedaba que como en mágico cuento de hadas ella aceptara a este príncipe de blanco para quedarse a vivir en el palacio del cielo.

Tantos días enamorada en sus sueños no la hicieron dudar de quedarse con él para siempre, y así dijo adiós a esa tierra que nunca le dio importancia, a esa tierra donde era tachada de loca y soñadora, donde era muy diferente para ser comprendida.

El telón de la noche así se levanto y dio paso al rostro amarillo del sol sobre los cultivos verdes que bordeaban su hogar. Por la tarde como hormigas varios trajes negros salieron al sonar de las campanas. Acudieron algunos a un vasto campo de piedras grises y cultivaron un cuerpo en el suelo dejando flores al marcharse. Mientras tantos humanos incapaces de entender que hay mas cosas allá de las que los ojos pueden ver se mentían.

Un enorme árbol creció en ese lugar donde dicen que ella duerme, y cuando el viento sopla entre sus ramas el árbol cuenta esta historia, de cómo ella dejo mágicamente la soledad del planeta. Mas los hombres ocupados en sus cosas no pueden oírle, y no comprenden su historia, cegados solo recuerdan el frió cuerpo que encontraron una mañana en ese balcón.

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