Pensamientos: Aureo













Le llevaba el riachuelo, era un hombre de agua fluyendo en la tierra. Bajado del cielo una tarde de nubes con alquitrán, sacudiendo bellotas de sus sienes en su ritual de purificación.
Cuando le conocí era serio con ceño fruncido pensando muy ocupado en galopes de ciempiés a través del campo, tejiendo paisajes en su telar subiendo en escaleras de satín a colocar estrellas y chispas en el vestido oscuro de la noche.

Temí ver su reflejo en el cristal pero cubría el amanecer con un antifaz de nácar y caballos de mar. Ocultando la magia entre su nombre y sus dedos largos, cantaba para transformarse sin dudar de los milagros.
Su nombre olvidado entre noches de lloviznas doradas condujeron a que algunos le llamaran Áureo, tan ligero como un sueño se deslizo primero por el suelo luego saltando en las copas de los arboles hasta alcanzar el océano.

Vistiendo su antifaz se oculto en donde converge la arena con el agua salada, mezclo su cuerpo líquido con el vaivén de las olas y la blanca espuma. Al final del día se fundió con el sol su también dorado compañero, tan solo dejándonos a nosotros los humanos aquellos paisajes nocturnos tejidos de estrellas despidiéndose.

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