Pensamientos: Rastros de vidrio

En sus dedos habita una herida profunda con el nombre de ella, una herida que a pesar que se cierra nunca deja de sangrar. Ella con ese cuerpo de carne que entregaba soles y centellas a su animal nocturno cuando el miedo a la oscuridad le mordía los talones y las puertas se cerraban con estruendos de agujas rojas.

En su pecho habita un ave que picotea su voluntad, una herida directa en la intención de olvidar. El con alma de papel y cuerpo de cristal tan frágil que se rompió congelado durante la primer nevada que envolvió la ciudad, entre amores de febrero y fiestas de primavera.

Dentro de aquella fría casa su alma de papel se arrugo y los cristales de su cuerpo cortaron los pies de quienes intentaron ayudarle. Buscó luz sin pedir auxilio, halló calor sin pensar en las consecuencias. Se acerco tanto a la chimenea que su arrugada alma se consumió. Rastros de vidrios roto… seis clavos sobre madera.

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