Cuentos: Mardoqueo (Cuento para un cumpleaños)


Hace meses ya desde que el sol se había vuelto rojo con el fin del invierno en la ciudad y hacia pocos días que el Tratado de Westfalia había reconocido a Suiza como estado soberano. Mardoqueo se sentía orgulloso de ello, pues su tátara tío político Maximiliano de cierta forma había iniciado ese proceso. Y si había algo que Mardoqueo sabia, era balancear tronquitos de madera en sus dedos gordos mientras relataba las máximas de Maximiliano.

Su casa daba a los Alpes Suizos región que no era caliente por más verano que hubiera ni del todo fría porque Mardoqueo era inmune a sentir los hielos en la piel... Así que la herencia de los Helvecios le daba su interesante color de piel con el cual era sencillo de camuflarse entre la nieve (habilidad muy útil cuando te gusta balancear tronquitos en tus dedos gordos y relatar historias).

Pero si había algo que le fascinaba era su colección de caballos. Traídos todos desde chicos y siendo criados por las cuidadosas nanas de Mardoqueo (no eran otras que sus alter egos de turno con todo y disfraces exuberantes) Francisca y Madre Maura (Quien según cuenta una vez visito el Italia porque era amante de la costa). Ya adentrados en el tema, los caballos de Mardoqueo eran auténticos ejemplares, los mejores exponentes en la zona de la fuerza y el coraje que un caballo de trabajo debía tener.... muy guardado era el secreto de como en las noches los caballos se disponían a asar castañas e imitar las peripecias artísticas de caminar en la cuerda floja inalámbrica.

Cuando el deshielo permitió que Mardoqueo bajara a la ciudad para hacer la demostración anual de sus caballos se preparo con sus mejores galas, embelleció a sus corceles con vistosas cintas rojas y cepillo muy bien sus cascos, en la ciudad era muy bien conocido Mardoqueo por su excentricidad y por sus minuciosos procesos para hacer a sus ejemplares los mejores de la zona.

Así bien Mardoqueo bajo en su caballo favorito, el único caballo blanco de su banda, le llamaba Carbón pues siempre le pareció mejor que el carbón fuera blanco, así no ensuciaría nada cuando le echaba a la chimenea decorativa que había en la pieza de su sala. Carbón y Mardoqueo combinaban muy bien, la piel pálida de el con el blanco pelaje de su corcel. Echo en marcha su plan de desfilar por las calles, bajo a prisa por la ladera, pero olvido en su casa su sombrero de la suerte, y también olvido encomendarse al espíritu de su tátara tío político. Mas no le pareció importante siendo una ocasión que había esperado por tantos meses, le resto importancia y continúo su camino, apurando el paso del galope de su banda de animales. Era Tarde si, y no quería llegar a la ciudad cuando era de noche pues nadie apreciaría en la oscuridad su trabajo... redoblo el paso animando a Carbón a correr mas rápido, y vaya que podía correr, no parecía fatigarse.

Es entonces cuando pensó: Debí traer mi sombrero.... y debí encomendarme al espíritu de mi tátara tío político Maximiliano! Bajando a pocos kilómetros de la Ciudad y yendo a gran velocidad escucho que alguien le dijo: Eh Mardo! has olvidado tu sombrero en mi casa el otro día..!!!

Volvió la mirada el incauto Mardoqueo y recibió el abrazo de una rama justo en el lugar donde el cuello acaba e inicia la cabeza.... Todo por haber olvidado su sombrero, pero no os preocupéis por él. Ese año fue de lo mas increíble su desfile, caballos de todos los colores bajaron a la cuidad justo antes de que el rojo sol se pusiera, y así pudimos observar sus excelentes y muy bien presentadas mascotas (que dicho sea de paso caminaron sobre la cuerda floja inalámbrica uno por uno para nuestra gran sorpresa) Siguieron así todos ellos hasta el reluciente y todo nuevo Carbón, quien ahora nos mostraba su pelaje blanco nieve con hermosas manchas rojas.... A Mardoqueo le habría encantado ver el show, pero esa tarde le fue muy difícil mantener su cabeza sobre los hombros....

Pero niñas y niños no os preocupéis, la pompa fúnebre de Mardoqueo fue inolvidable, hasta pudimos ver a sus nanas, tanto a Francisca y Madre Maura a la cual se le notaba su estadía en la costa en su piel bronceada.

No olviden niños, es de mala suerte olvidar el sombrero de la buena suerte en casa de un desconocido caminante de la nieve.

Para Alice.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

EXCELLENTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! :D! me encanto! ya se lo enseñe a todas las personas posibles! sigo diciendo que amo a Carbon <3! GRACIAS ABUE! :3! sois un magnifico escritor! n.n

Nekromancer dijo...

Mil gracias, no soy de hacer cuentos pero con vos hago la excepcion. Todo por mi nieta :)

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