Pensamientos: 27.26


Pablo entre cuadernos y libros, se pasa la tarde aprendiendo sobre cosas que a sus 8 años solo preocupan a los ancianos o científicos. En documentales se pierde y su cabeza se llena cual globo con aire, de aprendizaje y datos específicos que algún día aprovechara para contar cuando halla ocasión de hacer conversación sobre animales extintos, reglas de supervivencia o barcos antiquísimos y culturas de hace milenios.

Gabriel sueña despierto con soldados de madera, arma historias con lápices y nubes de colores, diálogos elaborados para aventuras de gigantes y molinos sin ser un Quijote.
Se disfraza y es un superhéroe que me salva cuando le recuerdo, se distancia entre espadas y siempre regresa a tiempo para sus galletas de la tarde.

Pablo odiando el cabello largo que tanto me encanta ver en él, poniendo es sus brazos tatuajes de golosinas y coleccionando cuanta cosa encuentra a su alcance, ordenando monedas en una alcancía, ahorrando como un adulto que se encerró en un cuerpo de niño para auto regalarse y a la vez preocuparse por finanzas que se resuelven comprando un juguete y dándole una sonrisa.

Gabriel y su oficial segundo al mando, planeando el golpe a su hermano mayor, y la huida dejando un desorden para escapar y correr en el callejón. La espera de su mayor viaje, de 500 metros para acudir a sus clases, para volver cuatro horas después y narrar lo acontecido cuantas veces sea necesario a cada una de las personas que encuentre en el camino.

Y la más grande historia muy a pesar de la de ellos, es la de cómo entre sus mundos distintos encuentro un punto intermedio donde arroparles en fines de semana, bromear y ser aun un inmaduro, al que mi hijo mayor corrige y a veces regaña y el menor que en complicidad sabrá salir ileso de sus travesuras y correrías.

1 comentarios:

Yaha dijo...

Excelente!!! Sin duda alguna mi favorito :)

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