Cuentos: El Metal Escarlata















Lavó sus manos una vez mas pero el tono carmesí no abandonaba sus dedos, sus
uñas con restos de piel, souvenirs de un amor fallido. El amor es rojo como
la sangre y su luto negro como la noche. No hay peor sentimiento que el
dolor que perder a quien más amas... a menos que sea el de la culpa por
haber sido la causa de esa pérdida.

Agitaba el agua con fuerza y la espuma del mar era incapaz de lavar el
pesar, el rojo no estaba en sus manos si no en su conciencia, en el color de
sus labios y en el sentimiento que profesó grabándolo en la arena cual
juramento eterno de un vínculo terrenal predestinado al fatídico final.

Se sumía en un ritual bautismal esperando ilusamente expiar de este modo su
crimen, la ira le cegó y cuando su vista volvió era demasiado tarde. La piel
pálida y el frío en su rostro le confirmó su más profundo temor, un hermoso
cuerpo flotando en la corriente pidiendo justicia por lo ocurrido cuando él
olvidó sus promesas

Ni el océano tan enorme o la noche tan negra podrían ocultar lo acontecido,
cada estrella le señalaba, cada ola le inculpaba repitiendo su nombre. El
faro cual cíclope distante miraba la playa y el metal escarlata le guiñaba
de vuelta. No habría amanecer para ninguno de los dos, a él las cadenas le
arrastraran al fondo, a ella le esperaran ramos de rosas para guiarle de
vuelta a casa.

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