La Flor del Cactus

Su cuerpo del que brotan las espinas,
inmutable bajo el desierto abrazador.
El sol como único espectador en el cielo.
por las noches se despliega el universo.

Cuando un día en su cielo un punto apareció,
una nube que trajo sombra al tapar el sol.
La prisión de agujas y espinas, la lluvia atravesó,
las suaves gotas su piel marcada toco.

Calmando la sed que en sus raíces existió,
floreciendo la flor que el calor marchito.
Aplacando las estocadas que aquejan su corazón,
inundando el vacio que con las espinas no se lleno.

Ahora engendra nuevos manuscritos de oro,
que ya no susurran desconfianza y resentimiento.
Con la lluvia trajo consigo el control,
a pesar de los surcos y espinas de pena y dolor.


Elías Díaz Ruiz

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