Visión y Oración

¿Quién
Eres tú
Que naces en
El cuarto contiguo
Tan cerca del mío
Que puedo percibir el abrirse
Del vientre y la oscuridad derramarse
Sobre el espíritu y el hijo caído al otro lado
De la pared delgada como un hueso de jilguero?
En el cuarto ensangrentado del desconocido nacimiento
Del consumir y del girar del tiempo
Y de la huella del corazón del hombre
No se inclina el bautismo
Sino la oscuridad
Sola bendiciendo
Al indómito
Niño.

Yo
Debo yacer
Quieto como una piedra
Junto a la pared de hueso
De jilguero escuchando el
Lamento de la madre
Oculta y la oscurecida faz del dolor
Arrojando el mañana como una espina
Hasta que las matronas del milagro canten
Y el turbulento recién nacido encienda
En mí su nombre y su llama
Y rasgue la alada pared
En su tórrida cúspide
Y la oscuridad
La eche de su lado
Para que brille
La luz.

Cuando
El hueso de jilguero
Se rompa y desprenda
Y la primera aurora
Furiosa de esta corriente
Aletee sobre el venido reino
Del deslumbrador del cielo
Y de la salpicada maternal doncella
Que lo dio a luz con una llamarada en la
Boca y lo arrulló como una tormenta
Correré perdido en el súbito
Terror y brillo del una
Vez encapuchado cuarto
Llorando en vano
En el puchero
De su
Beso.

En
El giro
Del Sol en
El espumoso
Ciclón de sus alas
Pues me perdí yo, que lloro
En el trono empapado del hombre
En la primera furia de su corriente
Y en los relámpagos de adoración hasta
El negro silencio triste y derretido
Pues me perdí yo, que he llegado
Al puerto enmudecido y el
Encontrado y el supremo
Momento de su herida
Ciega mi
Llanto.

Dylan Thomas

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