Cuentos: Sir Adler Van Crowley

"Caminé por terrenos desconocidos, fui un explorador por ocho meses de un terreno inestudiado, tan poco preparado estaba que creo mi expedición fue una total perdida de tiempo. Ha sido complicado dejar el mar que navegue tantos días para adentrarme en terrenos desconocidos, para jugar a ser Livingstone y saltar a la fama por mis descubrimientos.

Es este lugar en el que me extravíe, un lugar lleno de seres que lo habitan, y lejano mi suelo original, tan distinto del actual, así igualmente son estos habitantes. Parecían hablar mi idioma pero no comprendían mis palabras ni yo las suyas. Intenté en vano hablar su lenguaje pero iba olvidando el mío, si olvidaba mi vocabulario, como podría volver a mi ciudad natal y explicar lo que había aprendido?

Ese era tan solo el primer dilema, la dificultad de entender y ser entendido, los errores producidos por las similitudes, porque no siempre en las mismas condiciones se obtenían los mismos resultados. Unas veces eran celebraciones fraternales las que me hacían sentirme parte aceptada de esa tribu, y otras veces las dudas por ser un extranjero me hacían retirarme a estudiarlos por observacion. De prueba y error fui llenando mis cuadernos de notas de resúmenes y diagramas. Diagramas que pronosticaban buenos resultados en teoría pero no en la practica.

El fallo fue total... No es asunto de aprendizaje y observacion. De lenguaje o de conductas adquiridas, si no mas bien es asunto de crianza, de las raíces propias de las tribus. Para poder ser uno mas, para ser hijo de esta madre tierra, primero debería abrazarla en su totalidad, primero tendría que morir y volver a nacer... ser uno con el vientre de la madre para tiempo después ser parido por ella, teniendo una madre en común con estos habitantes...."

Y así terminaba la ultima página del diario del explorador Sir Adler Van Crowley, y en lugar de un punto final, tenia varias salpicaduras de sangre cual puntos suspensivos. Dejando un final abierto para su resurrección, un error romántico, porque en el fondo de su alma de explorador había un duendecillo que soñaba con días de relatos de amor.

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