Del hombre del espacio nació una semilla inmortal

El eterno misterio encerrado, con tanta elegancia... como intentar descifrar ese amanecer convertido en noche. Como tratar de encerrar la luna y el sol en dos esferas, y tú lo conseguiste en un parpadeo. 

Vistiéndote de mago o de duende, viviendo una continua metamorfosis me enseñaste que podía destruirme para volver a construirme. Que podía ser un edificio y caer para volver a levantarme y ser mil y una formas posibles. 

 Viajaste por el espacio sin despegar del suelo tus pies, tu nave no era mas que una esencia, tu planeta uno como el que siempre soñé. Aprendí de ti a no encasillarme y atreverme a viajar por lugares que no pensé. 

 Tan caballero un día como tan bufón al siguiente, porque la raíz de toda creatividad no es el traje que vestías si no tu eterno espíritu, ese que trasciende el espacio y que como un cometa lejano tan solo logré observar la cola de esa estela brillante que dejabas por tu paso. 

 Me aferro a el camaleón como tu símbolo, a las estrellas como tu hogar, a la música que dejas como la banda sonora de mi vida y por sobre todo al eterno misterio de como creabas, de como vivías y morías hasta que llegaste al punto de engañarme fingiendo que te marchabas.

Esta vez no me creeré tu muerte y se que en otro lugar debes haber nacido, tan llamativo como siempre, tan diferente, tan creativo y unico... tan tú.






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