Creciendo

Leía el diario sin pensarte y de la nada me pregunté de entre tantas cosas vividas y sobrevividas, ¿qué habría sido de mi vida sin ti? Sin que existieras y tuvieras que convertirte en una pieza fundamental de mi vida. Otros días solo te olvido… dejo pasar todo como si esta vida fuera un sueño, como si en algún momento pudiera despertar. Vivo disfrutando un sueño y oscureciendo las pesadillas en las que sin darme cuenta pareces estar inherente.

Así que me senté a escribir y pensé como a veces con menos resentimiento recuerdo tu cara, algunas veces parecías preocuparte por mí, parecías hasta quererme. Me envuelvo y la posible realidad me suelta, quizás hay una diferencia imperceptible entre querer y obligación. ¿Acaso fui una obligación de la que tenías que huir antes de que la presión te hiciera ceder? Yo que sé, aún sigo en pañales en este teatro improvisado que es la vida.

Continué por las frases que buscan salida de mi cabeza, pues siempre intento resolver con demasiado cuidado las cosas que se quedan a medias, y tú te quedaste a medias definitivamente con el proyecto que iniciaste conmigo, yo solamente continuo girando en esta misión impuesta del mismo modo que la tierra sigue girando alrededor del sol, y me siento mil veces sin dirección, sin un mentor que me muestre cual es el siguiente paso.

Mientras las ideas buscan un orden, aun escucho tu voz que desgraciadamente se grabó por siempre en mi memoria, aunque tape mis oídos a veces me despiertas en la noche y creo que estás ahí, y me alegro, pero me duele al mismo tiempo, es una completa dicotomía como esas que amabas de la religión que quisiste que siguiera para “salvarme”, mas al final todo eso fue incapaz de salvarnos de nosotros mismos.

Divago, me confundo, me derrumbo, sigues apareciendo. Miro otras personas vistiendo tu máscara inexpresiva y tengo miedo, me da horror verte cuando menos espero, temo esos fantasmas que dejaste para siempre en mi vida, esos que encerré por años y después decidí soltar pero soy incapaz de controlar si no era con la ayuda de otros demonios peores a tu imagen.

Busco un final a la historia, pero no la hay, siguen saltando como en un proyector todos esos días, la alegría frustrada, el incierto, la desesperación y una despedida que nunca se dio, una huida como si fueras un maleante que se escabullía después de cometer su crimen. Busco soluciones y decidí madurar, comprendiendo tu partida como algo necesario para ser quien soy, quien he sido capaz de construir desde que tuviste un mejor lugar donde ir.

La página me dice que me detenga, que ya hay poco espacio para tanta recriminación, pero mis dedos continúan, quieren ayudar a darme un norte gritando como si fueran niños sugiriendo ideas poco útiles. Una a una las valoro y las pienso, pero en el fondo ya parece ser muy tarde. Ya de nada servirá lo que pueda hacer un hombre como yo por ese joven que se rompió gracias a ti hace mucho tiempo ya.

Hago un recuento, y me creo más fuerte ahora, escribí mi vida del mismo modo que esta carta que nunca llegara a su destino, pensando que decir y tratando de enderezar el torcido camino que tome para exorcizarme de tu persona. Y me sentí fuerte, me sentí valiente…. Hasta que quisiste aparecer de nuevo como si nada pasara para devolverme cientos de pasos atrás, de nuevo con esa mirada inexpresiva.

Concluyo. Soy un humano, y mientras algunos creen en Padre, Hijo y Espíritu Santo yo tengo un credo que reza: Hay heridas que nunca sanan totalmente. Y aunque cubra esa herida para no mirarla sé que seguirá ahí hasta que mi ciclo en el mundo acabe, afectando todas mis decisiones inconscientemente. Aprenderé a vivir cargando este estigma que decidiste dejarme, y del cual solo puedo decidir manejarlo como un vaso roto que no puedo desechar.


A veces me respondo a esa eterna pregunta, para al final siempre volver a preguntarme: ¿qué sería de mi vida sin ti?



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